
Señores organizadores, ¿¿No había otra fecha???

Retratista gamberro del paisaje freak americano, Waters es venerado desde su acceso a presupuestos más holgados y a las Hollywood Stars, sin perder por ello demasiada substancia trash, y si ganando en expectación y curiosamente en cariño del público. Siempre fiel a su equipo de actores con más de circo de los horrores que de auténticos intérpretes, la escoria de Baltimore era su círculo íntimo, con quienes compartía las ganas de pasar un rato divertido y tocar las narices. Personaje polémico y muy popular en bastantes ambientes bizarros, demostró tras años de director, guionista y productor de mugrientas y creativas pesadillas Baltimorianas, ser un realizador capaz de asumir que crecer implica madurar, aunque sin perder la acidez y amor por la irreverencia.
Firmó en los noventa tres películas que si bien mantenían una soterrada carga del mismo humor salvaje y burdo, resultaban más higiénicas formalmente que las anteriores lo que demostraba la evolución y capacidad de Waters para obras mayores, con "Cry Baby", "Los asesinatos de mamá" y "Pecker".
A pesar de esta evolución, la necesidad de Waters de provocar la incomodidad incluso con Melanie Griffith abanderando un cine absolutamente independiente y terrorista, nos proporcionó algunas horas de diversión y casi felicidad. Era una gozada ver salir de la sala a preocupados padres de familia y parejitas un poco aturdidas con "Cecil B Demented" y "A Dirty Shame", siendo esta última -a mayor gloria de su título en inglés- carnaza de cine en versión original
A Sánchez Dragó, orgulloso adalid de la libertad de pensamiento, conocimiento y expresión -impresión, según él- siempre le crecerán los enanos a su alrededor. Es inevitable. Ególatra, periodista, pedante, viajero, efectista, reaccionario o progre dependiendo, y escritor. Molesto en general. Da lo mismo, a Dragó se le fulmina al instante, aunque diga o piense en el fondo lo mismo, y como se suele decir, con menos pelos en la lengua que los demás. "¿De qué coño será?" se preguntaba Cela cuando su lengua detectaba alguno. Nunca se han perdonado por estas latitudes, al que disiente, al que no comulga con el paupérrimo nuevo orden moral e intelectual express.
Jaime Urrutia, pertenece a esa particular especie de artistas que comenzaron a ensayar por el deleite y el gusto de hacerlo, y que con el tiempo, materializándose cierta popularidad se veían empujados a una aventura tan atractiva como desconocida e inesperada. Así, cantar o tocar la guitarra se va apuntalando con la misma improvisada fruición con que su mundo musical crece. El éxito no se puede planificar. Tampoco es necesario el parvulario para empeñados y supuestos talentos. ¿Tiene valor de verdad, cantar con gran voz temas que no han compuesto ellos? La Voz no es lo importante, señores del jurado. Jamás lo comprenderán quienes son simples intérpretes, excepto Sinatra. https://www.youtube.com/watch?v=vPcnWnC8lz0
Su libertad temática y capacidad para convertir lo prosaico en descomunal epinicio le permite concebir el monumento construido a Belmonte con cada una de sus palabras, el enaltecimiento del bar como casi de un estado del ser se tratase, abandonarse a lo melodioso de lo trágico, a la ternura materna, a la lascivia, a honrar el cha cha cha, al fetichismo, y según Loquillo, a la lujuria más desenfrenada. En alguna ocasión he oído por ahí que en Soría querían cambiarle el nombre a la renominación Ribera del Duero por la de Ribera de Urrutia A todo esto, el lenguaje y simbolismo que acompaña a cualquiera de esos mundos, en uno solo. No conocemos Soria, pero pensamos en Japón. https://www.youtube.com/watch?v=6dhcCmMFZPU
La
gala, tuvo de anfitrión a la presentadora Ellen Degeners, célebre por
sus recetas de cochino frito, pichones escabechados, y bacalao
ajoarriero. Una suerte de Eva Hache pero con ingenio, y por si alguna
señora con tiempo libre se topa con el blog de este humilde servidor, aclarar que el apellido de Eva se pronuncia. Se oye poco, pero se pronuncia. La broma de Degeners sobre Liza Minelli, le hace merecedora de mi particular retrato.
Si a Degeners, Liza le parece un tipo disfrazado de Liza, a mí la tal
Degeners me parece un tipo disfrazado de nuestro gran valor televisivo y
periodístico Chelo García Cortés, disfrazada a su vez de Pancho Villa.
Doña Chelo también es famosa por saltar en enaguas desde el acueducto de
Segovia a modo de alegato defensor pantojiano, y por emponzoñar -eso
si, con gestos de falsa dignidad- el oficio de periodista. Es difícil ir a otro lugar que no sea al wc con esas cachas. O sea, Tele5.